De acuerdo al intelectual y escritor Vicente Lombardo Toledano, nuestro país todavía viviría la barbarie si no hubiera ocurrido la Revolución Mexicana
Las vueltas suceden. Los planetas están girando sobre sí mismos y alrededor del sol. A ese ciclo se le llama revolución. A veces, hasta el sol parece que se apaga, evento, también revolucionario.
En cambio, la revuelta: “en 1611 Covarrubias la definía así: ‘rebolver es ir con chismerías de una parte a otra y causar enemistades y quistiones -cuestionamientos-: y a éste llamaros rebolvedor y reboltoso, rebuelta la cuestión’… el regreso a lo primitivo, la agitación y desorden que amenaza la fábrica social», acota Octavio Paz.
La gesta de 1910, según pondera el educador, intelectual, socialista y sindicalista Vicente Lombardo Toledano, se puede considerar de la siguiente forma: “¡nuestro país todavía viviría la barbarie si no hubiera ocurrido la Revolución Mexicana… su pueblo viviría en la más grande y tremenda de las desesperaciones!”
En general se confunde la Revolución mexicana con la reforma agraria, el mítico lema “Tierra y libertad”, parece abrazar toda la causa revolucionaria, junto con la bravura del Centauro del norte, pero difícilmente se reconoce la solidez y claridad revolucionaria de las ideas magonistas, a Vasconcelos se le desconoce (o se le conoce poco) como “caudillo cultural de la Revolución”, ambos oaxaqueños atacan desde las estructuras, desde las instituciones, aquellas injusticias en las que vivían quienes nos anteceden.
Es la diferencia con Villa , a quien acribillaron en 1923 de 150 disparos a los 45 años. A principios del mes de enero, ya hicimos una breve recapitulación de algunos de los datos más interesantes de este bandolero-revolucionario que, no tomaba una gota de alcohol y le encantaban las malteadas de fresa.
“Los actos del rebelde, por más osados que sean, son gestos estériles sino se apoyan en una doctrina revolucionaria… Las diferencias entre el revoltoso, el rebelde y el revolucionario son muy marcadas -sigue Paz en su Corriente alterna– el primero es un espíritu insatisfecho e intrigante, que siembra la confusión; el segundo es aquel que se levanta contra la autoridad, el desobediente o indócil; el revolucionario es el que procura el cambio violento de las instituciones”.
Vicente Lombardo Toledano, a quien recordamos el día de ayer su 55 aniversario luctuoso; cuatro años antes de su muerte -en su senectud- después de una vida como luchador social, aseguraba: “Nadie puede apartar a México del camino de la revolución, no sólo por la fortaleza de los revolucionarios, sino porque la revolución se renueva constantemente; se señala a sí misma nuevas metas”.
Hay que considerar la cantidad de sudor y sangre que las revoluciones suponen —a menos que sean, como decíamos al principio: las órbitas de Venus— en México, los presidentes, de Madero a Obregón, fueron asesinados; por ello es necesario un proceso de regeneración de re-conciliación con nuestro tiempo.
“La relación es jerárquica: revuelta vive en el subsuelo del idioma: rebelión es individualista; revolución es palabra intelectual y alude, más que a las gestas de un héroe rebelde, a los sacudimientos de los pueblos y a las leyes de la historia”, continúa Paz.
Decía el veterano socialista Lombardo Toledano “¿por qué apoyamos la Revolución Mexicana? Porque es la fuerza viva del pueblo, y su pensamiento, su luz, la que ha abierto el camino”.
Además, agrega: “Ya victoriosa la revolución, en 1917, se propone revisar todo el pasado, y surge de la nueva Carta Magna una nueva estructura jurídica y política para México; una nueva idea de las relaciones entre los particulares y el Estado, y una tesis, nueva también, respecto de las funciones del Estado. Esta revolución es la que todavía vivimos”.
Para Paz, la Revolución es ciencia y arte; filosofía en acción. En ese sentido, educar puede ser revolucionario. Recordemos como Vasconcelos pondera la Secretaría que fundó (la SEP) como “fruto de la revolución madura”. Pues, si continuamos con Paz: “para los revolucionarios el mal no reside en los excesos del orden constituido sino en el orden mismo”.
Ese orden emana de la tensión constante que genera el vínculo social, gubernamental y empresarial. La tensión que acepta la sociedad civil desorganizada y organizada. Por ello, personajes como Lombardo Toledano, pueden considerarse revolucionarios, irrumpieron en el statu quo de su tiempo. Toledano siempre impulsó de forma crítica -es crítico hasta de la Universidad que lo formó- el sistema educativo nacional desde sus ciernes. México, es otro después de su obra.
El vínculo entre educación y centro de trabajo lo impulsó Toledano desde el primer cuarto del siglo pasado, pero no con la visión de formar mano de obra calificada (como lo es la perspectiva de la “educación dual”), sino con la esperanza de que los hijos del obrero pudiesen alcanzar los puestos directivos de las empresas.
En fin, que aún comemos de los frutos de la Revolución, pero en nuestro tiempo de oscuridad y cieno, el entusiasmo se ha vuelto revolucionario ante el desaliento, el amor se ha hecho revolucionario, ante lo sintético, la vuelta al campo se ha vuelto revolucionaria; lo natural ahora es revolucionario. En esta nueva vuelta, en este nuevo ciclo: el retorno al origen es revolucionario… y si no, por lo menos, es el rebelde —consciente con el ambiente— más sincero, necesario y amistoso.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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